Novela de Gueorgui Gospodínov (1968) publicada en 2024.
Por qué se llama así
El libro gira en torno a la muerte del padre del autor, que era jardinero. Quizá esté influido por el título de El niño y la muerte de un cuadro de Edvard Munch, del que se habla en el capítulo 65.
Palabras interesantes (traducción para Impedimenta de María Vútova): faustiano ‘de Fausto’; gammagrafía; borsalino ‘fedora’; troparios ‘textos litúrgicos breves para ser cantados’; chavdares (¿algo relacionado con Chavdar?; komsomoles (de Komsomol); naturfilósofo (‘seguidor de la naturfilosofía o corriente filosófica del idealismo alemán que concibe la percepción como una proyección del observador’); katmi (plural de katma, «un pan fino de masa fermentada y líquida a base de levadura, cocinada sobre una sartén sin aceite, que se diferencia de los panqueques por su mayor grosor y la presencia de numerosas burbujas en el interior»); belote (juego de cartas). También derivados como inalcanzablemente (‘de manera que no se puede alcanzar’) o ultrapráctico (‘sumamente práctico o útil’).
Otras cuestiones lingüísticas
• El padre dejó algunas palabras y expresiones propias que se traducen en la versión en español como calmura («Ven, me decía, a sentarte un rato a la calmura. Cal-mu-ra, una palabra con tanta calma que incluso titila suavemente. Se suele percibir con el crepúsculo, al anochecer, cuando el silencio es diáfano y hasta los pájaros se calman y dejan de cantar por un instante»); debrisa y corriendo («… como si sus prisas fueran brisas suaves»), o mermielada («en vez de mermelada, lo que deja una dulzura fonética mucho más intensa en el paladar…»).
• Para referirse al hecho de estar muerto, se utiliza la traducción muertear (análogo devivir para la vida): «¿Cómo viviré (no, la palabra ya es distinta), cómo moriré, cómo muertearé toda la eternidad sin vosotros? Sin ti, sin tu hermano, sin tu madre, sin los nietos, sin el perro Dzhako, sin mis tomates, sin las rosas que quería trasplantar y no pude… Cómo muertearé (o estaré muerteando) sin todo lo que fue y, peor aún, sin todo lo que llegará…».
Citas
• Mi padre era jardinero. Ahora es jardín.
• De niño escogía de la biblioteca solo los libros escritos en primera persona, porque sabía que en ellos el protagonista no iba a morir.
• ¿Seguimos existiendo si se va la última persona que nos recordaba como niños?
• Arranqué a escondidas una hoja de un cuaderno de notas de mi abuelo, ya sabía yo que la escritura empieza con un pecado.
• Había un doctor que estaba muy asustado, por favor, me dice, no te mueras durante mi turno, y yo aguantando…
• Eso es algo que nunca le perdonaré a la enfermedad, me repito, nunca se lo perdonaré. Podrías llevártelo sin humillarlo.
• No recuerdo exactamente de qué hablamos, pero fue una de esas conversaciones que no se suelen tener en otras circunstancias. La enfermedad fuerza a que se den las conversaciones no mantenidas, la intimidad aplazada.
• ¿Por qué quienes están a punto de dejar este mundo siguen sus noticias?
• Mientras haces un crucigrama la muerte no existe.
• Dolor. Ooh, dolooor. Dolorcito mío… El poema más corto escrito por un poeta búlgaro, Alexánder Guérov. He ahí todas las fases del dolor: desde su registro, pasando por lo intolerable, hasta el intento de implorarlo, de domesticarlo, de pedirle clemencia…
• Mi padre se está yendo y el mundo no lo sabe, obviamente, no se ocupa de nuestras tragedias personales, la vida sigue…
• Siempre me ha dado miedo ver sangre, pero esa vez no.
• La infancia es vertical. Creces hacia arriba, eres tan alto como las rosas del jardín, todo el mundo te dice un año tras otro lo mucho que has crecido, tu padre te levanta por encima de su cabeza, te pones de puntillas, todo bulle de vida y movimiento, no quieres irte a la cama, tienen que llevarte a la fuerza. La vejez es horizontal. Vamos a descansar un poco, vamos a tumbarnos por la tarde, me echaré un rato en el sofá porque la espalda… La vejez es ir acostumbrándote a una horizontalidad prolongada, tal vez eterna.
• De sus pequeños fracasos mi padre hacía buenas historias. Y él sabía cómo fracasar.
• La soledad, dijo Mariane, se vuelve dura y quebradiza como una galleta seca que no se puede tragar.