Otra declaración lingüísticamente controvertida oída durante la visita del papa de la que se nos quejó un seguidor fue una en la que se empleaba la omnipresente expresión sin palabras a modo de adjetivo aplicado a uno de los actos: «¡Ha sido sin palabras!». Vale que se hayan extendido hasta la saciedad expresiones como «No tengo palabras» o «Estoy sin palabras» con valor ponderativo…