El idiota

Novela de Fiódor Dostoyevski publicada entre 1868 y 1869.

Por qué se llama así

Por su aparente bondad e ingenuidad, el protagonista de la novela, el príncipe Lev Nikoláievich Mishkin, que tiene problemas mentales y sufre ataques epilépticos, es considerado idiota por muchos de los personajes, pese a que ha superado en parte su enfermedad y es capaz de mostrarse más cabal y reflexivo que muchos de ellos (de hecho, en algún momento se le dice: «¡No comprendo cómo, después de oírle, puede calificársele de idiota, príncipe!»).

Palabras interesantes: igúmeno (‘superior de un monasterio ortodoxo’; también escrito higúmeno o hegúmeno); floreo (‘floritura en la escritura’); estarosta (jefe de un territorio de Rusia; adaptación de stárosta); barina; zemstvo; errabundaba (de errabundar ‘vagar, andar errabundo’); palki (juego de cartas, literalmente ‘palos’); polainístico (‘relacionado con las polainas’, en «nuestro polainístico aristócrata»); fiacre (un tipo de coche de caballos); anticaballeresca (‘contraria a lo caballeresco o propio de los caballeros’, femenino de anticaballeresco); principillo (diminutivo despectivo de príncipe); seminarística (‘relacionada con el seminario’, femenino de seminarístico; en «gentes de formación seminarística’); demostratoria (‘demostradora’, femenino de demostratorio; en «les haré la crítica literaria más acabadamente demostratoria de que cada página de sus libros, libelos y memorias, ha sido escrita por un propietario ruso al antiguo estilo»); chenapan ‘sinvergüenza’; verchok (antigua unidad de medida rusa equivalente a unos 4 cm y medio, adaptación de vershok); deciatinas (plural de deciatina, variante de desiatina, antigua unidad de medida agraria rusa equivalente a 1 hectárea o 1 hectárea y media, según el tipo); eslavófilo (‘amante de lo eslavo’); nihilístico (‘relacionado con los nihilistas o el nihilismo’; en «el aspecto nihilístico del asunto»; adehala ‘propina, extra’; regocijante ‘que regocija o causa alegría y gozo’; tomto (probable errata por tonto, quizá referido al juego de cartas llamado en ruso durak), preferencia y whist (otros juegos de naipes); la nube de Krilov («que, pasando sin descargar sobre campos sedientos, va a verterse, inútil, en el océano…»). También se encuentran algunos diminutivos como empleíto, comedorcito o poblacioncita.

Citas

PARTE PRIMERA

• Contaba cincuenta y seis años, momento en que, como todos saben, es cuando se empieza a vivir de veras.

• ¿Hay, después de todo, planes más graves y respetables que los de un padre? ¿Qué debe preocupar a un hombre más que su familia?

• ¡Y qué bien se dan cuenta los niños de que su familia los toma por pequeñuelos incapaces de comprender nada cuando lo comprenden tan bien todo! Las personas mayores ignoran que, incluso en asuntos difíciles, los niños pueden dar consejos de la mayor importancia.

• La belleza es un enigma.

• Usted no tiene idea de las comedias que el amor propio sugiere al ser humano.

PARTE SEGUNDA

• Me despreciaba demasiado para guardarme rencor durante mucho tiempo.

• Voy a casarme contigo, no porque te tenga miedo, sino porque no me importa arruinar mi vida.

• El sentimiento religioso, en su esencia, no puede ser disminuido por ningún razonamiento, por ninguna falta, por ningún crimen, por ninguna credulidad, porque hay en él algo que queda y quedará eternamente fuera de todo eso, una cosa que los ateos no alcanzarán jamás y de la que no hablarán nunca cuando pretendan combatir la creencia.

• Cuando reflexiono, siempre hablo y obro muy inteligentemente.

• A Michkin le sucedía algo muy frecuente en las personas tímidas, y era que la mala conducta ajena le causaba vergüenza propia.

• En su artículo le han calumniado como villanos, y, sin embargo, se jactan de hombres que luchan por la verdad y la justicia.

• —Debo decirle—manifestó luego con el mismo equívoco aire de gravedad—que le agradezco la benevolencia con que me ha consentido explicarme, ya que nuestros liberales tienen la costumbre de no permitir a los demás poseer una opinión propia, y se apresuran a contestar a sus antagonistas con injurias, cuando no recurren a argumentos más desagradables aún.

• Sí: la naturaleza es irónica. Si no—añadió, con insólita vehemencia—, ¿por qué crea hombres superiores para burlarse de ellos a continuación?

PARTE TERCERA

• Sé muy bien que antaño se han cometido crímenes tan espantosos como los de ahora. Recientemente he visitado cárceles y he trabado conocimiento con detenidos, tanto preventivos como condenados. Existen criminales mucho más terribles que ese del que tratamos, gentes que han asesinado a diez personas y no se arrepienten de ello. Pero lo que he visto en mi trato con esos delincuentes es que el asesino más endurecido, el más inaccesible a los remordimientos, sabe que es un criminal, es decir, que cree en conciencia haber obrado mal, aun cuando no se arrepienta de sus actos. Todos son así mientras que aquellos a los que se refería Eugenio Pavlovich se niegan a reconocerse culpables, opinan que estaban en su derecho y que han procedido bien… Tal es, poco más o menos, su convicción. Eso, a mi criterio, representa una diferencia terrible. Y observé que todos son jóvenes, o sea que están en la edad en que la perversión de ideas se produce más fácilmente.

• El cobarde es quien tiene miedo y huye; pero quien tiene miedo y no huye no es un cobarde.

• En sus momentos de alegría intensa experimentaba siempre una tristeza inexplicable.

• Y yo desafío a todos los ateos a contestarme: ¿cómo salvarán ustedes al mundo? ¿En dónde le encontrarán un camino normal, ustedes, hombres de ciencia y de industria, partidarios de la cooperación, de los salarios y de todo lo demás? ¿En el crédito? ¿Y qué es el crédito? ¿A qué les conducirá el crédito?

• A veces una cosa es tanto más real cuanto más inverosímil parece.

• Si Colón se sintió feliz alguna vez no fue después de descubrir América, sino cuando estaba luchando para descubrirla.

• No siente usted la ternura: solo siente la justicia, y, por consecuencia, es injusto.

• Cuando se inventa una historia, si se desliza en ella adrede un detalle extraordinario, extravagante, inaudito, la mentira parece más verosímil.

• Me he preguntado a menudo si es posible amar a todos nuestros prójimos. Pero es evidente que no se puede, que ello es incluso antinatural. El amor abstracto de la humanidad se resuelve casi siempre en egoísmo.

PARTE CUARTA

• No hay cosa más enojosa que ser hombre de buena familia, de agradable apariencia, bastante inteligente y de buen carácter y, sin embargo, no tener talento alguno, ninguna especial facultad, ninguna peculiaridad, ninguna idea propia de uno mismo: ser, en suma, como los demás… Poseer una fortuna, pero no la de Rothschild; ser de familia distinguida, pero que nunca se ha ilustrado en ningún aspecto; tener una agradable apariencia que no expresa nada en particular; disfrutar de una esmerada educación y no saber cómo utilizarla; atesorar inteligencia, pero ninguna idea personal; tener buen corazón, pero ninguna grandeza de alma, y así sucesivamente. Existe en el mundo extraordinaria multitud de personas así: una multitud mucho mayor de lo que parece. Como las demás, estas personas pueden dividirse en dos clases: gentes de limitada inteligencia y gente de inteligencia mucho más despejada. Los primeros son más felices. Nada es más fácil para la gente vulgar de inteligencia limitada que suponerse excepcionales y originales y vivir en esta ilusión sin el más leve desengaño. A algunas señoritas rusas les basta cortarse el cabello, ponerse gafas azules y calificarse de nihilistas para suponer, en el acto, que han adquirido «convicciones» propias. A ciertos hombres les basta percibir en su alma el más tenue rayo de amabilidad hacia sus semejantes y de emoción para persuadirse definitivamente de que nadie siente como ellos y que figuran en la cúspide de la emocionalidad y la ilustración humanas. A algunos les basta oír alguna idea ajena o leer una página determinada para convencerse de que lo oído o leído es su propia opinión, espontáneamente brotada de su cerebro. […] Gabriel Ardalionovich Ivolguin pertenecía a la segunda de las categorías mencionadas, es decir, a la de los más inteligentes. Mas estaba infectado de pies a cabeza de su deseo de ser original. Como ya observamos, esta segunda clase es más infortunada que la primera, porque el hombre vulgar inteligente, aun cuando en ocasiones, y aun siempre, se juzgue genial y originalísimo, siente roerle el corazón el gusano de la duda, y ello le sume a veces en amarga desesperación.

• No encontré nada, en el suelo no había más cartera que la que pudiese haber en mis manos y, sin embargo, me harté de tocarlo todo. Es una costumbre tonta esa que todos tenemos cuando experimentamos una pérdida dolorosa y sensible. Aunque no se vea nada, se empeña uno en tocar por todas partes, en mirar veinte veces seguidas…

• A mi juicio, a veces conviene ser ridículo… Sí, conviene… Entonces es más fácil perdonarse mutuamente y reconciliarse.

• Es imposible comprenderlo todo a primera vista: nunca se alcanza la perfección. Para alcanzarla es necesario empezar por no comprender muchas cosas. Si se comprende demasiado pronto, no se comprende bien.

• ¿Por qué no podremos nunca saberlo todo sobre alguien cuando delinque, cuando es culpable?

• Aquel amor era como el que inspira un niño caprichoso y enfermo: se le quiere porque es imposible abandonarle a sí mismo.

Curiosidades

• Se puede encontrar un caso de espunerismo: «—Ti… Ti… Timofeo…—¿Qué más?—Lukianovich. Todos rompieron a reír.—¡Es mentira!—gritó el sobrino—. ¡Hasta en eso necesita mentir! No se llama Timofeo Lukianovitch, príncipe, sino Lukian Timofeievich».

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