[«Geopolítica» por doquier]

Es curioso porque ya somos varios los que hemos advertido que el término geopolítica está apareciendo últimamente por todos lados.

En ortografía ya manejábamos el término al hablar de la mayúscula en áreas geopolíticas como Oriente Medio. Pero ahora, además de escucharlo repetidamente en las noticias, se ha publicado, por ejemplo, el libro Geopolítica del español de la RAE y el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), hay una sección en ABC dedicada en exclusiva a la «Geopolítica» y hasta un vecino justo nos dice que va a participar en una mesa redonda sobre geopolítica.

Para comprobar si nuestra sensación es real, nos vamos a CORPES y las gráficas que encontramos parecen darnos la razón:

Y en Google Ngram se ve también que está habiendo un repunte tras una caída en 2010:

El pico en los 80 y 90 podría deberse a la entrada de España en la Unión Europea o, como dice ChatGPT, al final de la Guerra Fría, a la crisis del petróleo o en general a la globalización. También a que dejó de asociarse la palabra con teorías alemanas utilizadas por los nazis. Y es que, a este respecto, en dos papeletas del Fichero General de la RAE (1 y 2) de la palabra —que se dice que fue acuñada en sueco (geopolitik) por Rudolf Kjellén en 1900— se puede leer esto del Diccionario de anglicismos de Ricardo J. Alfaro:

«Geopolitics (pr. yiopólitics), dice Isaac Stone, «es una contribución de los Nazis a la terminología política y militar.» La geopolítica, agrega el Doctor Edmundo Walsh, «es una ciencia que pone los datos de la geografía al servicio del arte de gobernar». […] Hay quienes niegan que la geopolítica sea una verdadera ciencia, en tanto que otros sostienen que es imposible definirla con precisión. Para unos es «la estrategia total de la guerra total»; para otros, «la conciencia geográfica del Estado»; para otros, nada menos que «el Nazismo en acción». Sea lo que fuere, —ciencia, sistema, teoría o programa político de dominación universal— queda el hecho lingüístico de que hay una materia que en todas las lenguas modernas tiene por nombre el parónimo correspondiente al compuesto geopolitik, que es en la nuestra geopolítica. Esa materia tiene sus apóstoles y sus expositores, tales como el alemán Karl Haushoger [sic], el inglés Halford J. Mackinder y el holandés Nicholas Spykman, y sobre ella se han escrito libros y monografías. Es menester, por lo tanto, que nuestro léxico incorpore ese nuevo término de una nueva materia que ha entrado en el campo de las ciencias políticas. Ej.: “Si, pues, son ciertos los teoremas de la geografía política, que no debe ser confundida con la Geopolítica —inventada, de encargo, por doctores pedantes para justificar las depredaciones de los Césares modernos— ello bastaría a explicar la evolución especial del Derecho Internacional en este Continente……” (Sánchez y Sánchez, Curso de Derecho Internacional Público Americano)».

Quizá por esto, cuando la palabra entró en el diccionario de la RAE en 1956, la definición, referida a la ciencia, era algo despegada: «Ciencia que pretende fundar la política nacional o internacional en el estudio sistemático de los factores geográficos, económicos y raciales». Esta definición se mantuvo hasta 2001. En 1992 entró el adjetivo geopolítico, ca para lo perteneciente o relativo a la geopolítica. En 2001 se añadió la acepción adjetival de «Relacionado con el punto de vista geográfico y político de una región. Situación, importancia geopolítica» y el adverbio geopolíticamente. Y ya en 2014, además de incluir la acepción para el especialista en geopolítica, sí se cambió la definición relacionada con la ciencia a «Estudio de los condicionamientos geográficos de la política», inclinándose quizá más hacia esa geopolítica con minúscula que a la Geopolítica con mayúscula que indicaba Alfaro.

Parece, pues, que, una vez normalizado el uso del término geopolítica y viviendo en los tiempos que vivimos, tendremos que acostumbrarnos a verlo usado por todas partes (esperemos que sin mala intención), igual que el prefijo macro- y otras voces omnipresentes como afear, de los que ya hablaremos.

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