En un juego de fútbol al que jugamos, Biwenger, le hemos hecho un favor a un amigo con una cesión y nos dice que nos debe una, como Amerigo Bonasera en El Padrino. No tardamos tanto como don Vito en cobrarnos el favor y da la casualidad de que lo que necesitamos es pedirle a este Bonasera que nos venda a Buonanotte del Elche.
No es la primera casualidad que se produce con nombres de futbolistas relacionados con saludos. Ya se celebró la educación mostrada por los equipos cuando se enfrentaron Emi Buendía del Aston Villa y el propio Buonanotte del Leicester, y se hicieron chistes al respecto, igual que cuando debutaron en sus respectivas selecciones Alessandro Buongiorno y nuevamente Buonanotte con un día de diferencia. Este mismo Buongiorno y la falta de comas en la oralidad produjeron una simpática situación en la que el entrenador Antonio Conte pensaba que el saludaban diciendo «Buongiorno, come sta?» cuando en verdad le preguntaban que cómo estaba su jugador en el Nápoles: «Buongiorno come sta?».
Pero lo más interesante es que esto nos hizo preguntarnos qué es y de dónde viene ese sera del saludo italiano b(u)ona sera (notte ‘noche’ y giorno ‘día’ están más claros).
Resulta que sera hace referencia a la tarde noche (parecido al evening inglés) y viene del latín sēra diēs, de sērus ‘tarde’ (en oposición a pronto).
¿En español hay algún resto de esa forma latina? Sí, tenemos las voces serondo, seruendo y serótino, adjetivos usados para un fruto tardío, a partir del adjetivo latino sērōtinus, formado sobre el adverbio sero, a su vez de sērus. Y, con el mismo origen, seronda es el nombre que en asturiano dan al otoño.
Ah, y ese adverbio sero lo vemos en la famosísima y preciosa frase que san Agustín dirigió a Dios tras su conversión: «Sero te amavi» ‘Tarde te amé’.