La Dama de las Camelias

Novela del escritor francés Alejandro Dumas, hijo (1824-1895), publicada en 1848.

Por qué se llama así

La protagonista de la novela, Margarite Gautier, es una cortesana conocida por llevar estas flores a la ópera: «Siempre que se representaba una obra nueva era seguro verla allí, con tres cosas que no la abandonaban jamás y que ocupaban siempre el antepecho de su palco de platea: los gemelos, una bolsa de bombones y un ramo de camelias. […] Durante veinticinco días del mes las camelias eran blancas, y durante cinco, rojas; nunca ha logrado saberse la razón de aquella variedad de colores. […] Nunca habíamos visto a Marguerite con otras flores que no fueran camelias. Tanto es así que en casa de la señora Barjon, su florista, acabaron por llamarla la Dama de las Camelias, y con tal sobrenombre se quedó».

Palabras interesantes (traducción de Emilio Pascual): vizcondesito (diminutivo de vizconde), guipur, examante ‘antiguo amante’.

Citas

• A mi juicio, no se pueden crear personajes sino después de haber estudiado mucho a los hombres, como no se puede hablar una lengua sino a condición de haberla aprendido seriamente.

• ¿Hay espectáculo más triste que la vejez del vicio?

• No ha debido de morir muy alegremente, pues en su mundo no hay amigos más que cuando uno está bien.

• El pasado se le aparecía como una de las causas principales de su enfermedad.

• ¡Pobres criaturas! Si amarlas es un error, lo menos que podemos hacer es compadecerlas. Compadecemos al ciego que nunca ha visto la luz del día, al sordo que nunca ha oído los acordes de la naturaleza, al mudo que nunca ha podido expresar la voz de su alma, y, so pretexto de un falso pudor, no queremos compadecer esa ceguera del corazón, esa sordera del alma, esa mudez de la conciencia, que enloquecen a la desgraciada afligida y sin querer la hacen incapaz de ver el bien, de oír al Señor y de hablar la lengua pura del amor y de la fe.

• Tengo que ver lo que ha hecho Dios con aquel ser que tanto amé, y quizá el asco del espectáculo reemplace la desesperación del recuerdo.

• Era terrible de ver, es horrible de contar.

• ¡Qué sublime niñería la del amor!

• Es como echar perfumes a los perros: creen que huelen mal y van a revolcarse en el arroyo.

• Una de esas naturalezas ardientes que esparcen a su alrededor un perfume de voluptuosidad, como esos frascos de Oriente que, por bien cerrados que estén, dejan escapar el perfume del licor que contienen.

• Los que habían amado a Marguerite ya no podían contarse y los que ella había amado no podían contarse todavía.

• Ante la perspectiva de vivir menos que los demás, me he propuesto vivir más deprisa.

• Por poco que viva, viviré más tiempo del que usted me quiera.

• Solo un hombre que definitivamente ya no quiere a su amante puede abandonarla sin escribirle.

• Entonces, con esa superstición propia del que espera, creí que, si salía un rato, a la vuelta encontraría una respuesta. Las respuestas que se esperan con impaciencia siempre llegan cuando uno no está en casa.

• Bueno, amigo mío, pues tendrá que quererme un poco menos o comprenderme un poco más.

• Voy a decirte una locura, pero hace tiempo tuve un perrito que me miraba con un aire muy triste cuando yo tosía; es el único ser al que he amado. Cuando murió, lloré más que a la muerte de mi madre. También es verdad que ella estuvo pegándome doce años.

• Si los hombres supieran lo que se puede conseguir con una lágrima, los querríamos más y los arruinaríamos menos.

• Desde que han cerrado las casas de juego se juega en todos los sitios.

• Prefería dudar dos minutos más, pues dudando esperaba todavía.

• Miré a mi alrededor, totalmente asombrado de ver que la vida de los demás continuaba sin detenerse ante mi desgracia.

• Cuando la existencia ha contraído un hábito como el del amor, parece imposible que ese hábito pueda romperse sin quebrar al mismo tiempo todos los resortes de la vida.

• ¿Quién me hubiera dicho a mí, Marguerite Gautier, que llegaría a sufrir tanto ante la sola idea de tener un nuevo amante?

• Los ancianos no son pacientes, sin duda porque se dan cuenta de que no son eternos.

• Mis recuerdos no hacen más que aumentar mi fiebre.

Más información

• Aunque es normal, y no incorrecto, escribir La dama de las camelias (entendiendo la expresión como una denominación descriptiva), lo más indicado es escribir La Dama de las Camelias, pues la expresión se trata como sobrenombre en la propia novela.

• Con respecto al nombre del autor, es normal mantener el nombre de pila en francés (Alexandre Dumas). El añadido de hijo para distinguirlo de su padre (Alejandro Dumas, el autor de obras como Los tres mosqueteros o El conde de Montecristo) se puede entender como un inciso explicativo y separarlo con coma (o aislarlo entre paréntesis) o un complemento especificativo y unirlo sin coma (Alejandro Dumas hijo).

Otras fuentes: Wikipedia.

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