El nombre de la rosa

Novela histórica de misterio e investigación de Umberto Eco (1932-2016) publicada en 1980 y llevada al cine en 1986.

Por qué se llama así

Sin que el título (en italiano Il nome della rosa) tenga aparente relación con el libro, este termina con la frase «stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus», que se puede traducir como ‘la antigua rosa permanece en el nombre; solo poseemos nombres desnudos’. Entre las apostillas que se incluyen al final, hay una llamada «El título y el significado» en la que el autor dice esto sobre el título: «Se trata de un verso extraído del De contemptu mundi de Bernardo Morliacense, un benedictino del siglo XII que compuso variaciones sobre el tema del ubi sunt […], salvo que al topos habitual (los grandes de antaño, las ciudades famosas, las bellas princesas, todo lo traga la nada) Bernardo añade la idea de que de todo eso que desaparece solo nos quedan meros nombres. Recuerdo que Abelardo se servía del enunciado nulla rosa est para mostrar que el lenguaje puede hablar tanto de las cosas desaparecidas como de las inexistentes. Y, ahora, que el lector extraiga sus propias conclusiones». Después añade: «La idea deEl nombre de la rosa se me ocurrió casi por casualidad, y me gustó porque la rosa es una figura simbólica tan densa que, por tener tantos significados, ya casi los ha perdido todos. […] Así, el lector quedaba con razón desorientado, no podía escoger tal o cual interpretación; y, aunque hubiese captado las posibles lecturas nominalistas del verso final, solo sería a último momento, después de haber escogido vaya a saber qué otras posibilidades. El título debe confundir las ideas, no regimentarlas». Con todo, se puede relacionar el título con la posibilidad de que algo sea destruido para siempre, como la abadía o la segunda parte de la Poética de Aristóteles y solo quede el nombre, una defensa de la austeridad franciscana reflejada por Guillermo de Baskerville en la novela y de la falta de apego a lo material.

Citas (traducción de Ricardo Pochtar):

• Piensan que solo es buen inquisidor el que concluye el proceso encontrando un chivo expiatorio.

• Porque no todas las verdades son para todos los oídos, ni todas las mentiras pueden ser reconocidas como tales por cualquier alma piadosa.

• Hasta en las horribles facciones de los monstruos se revela el poder del Creador.

• Incluso en los libros que contienen mentiras el lector sagaz puede percibir un pálido resplandor de la sabiduría divina.

• A menudo son los propios inquisidores los que crean a los herejes. Y no solo en el sentido de que los imaginan donde no existen, sino también porque reprimen con tal vehemencia la corrupción herética que al hacerlo impulsan a muchos a mezclarse en ella, por odio hacia quienes la fustigan.

• Me faltó coraje para hurgar en las debilidades de los malvados, porque comprendí que son las mismas debilidades de los santos.

• A los que no puedes amar mejor sería que los temieras.

• De tres cosas depende la belleza: en primer lugar, de la integridad o perfección, y por eso consideramos feo lo que está incompleto; luego, de la justa proporción, o sea de la consonancia; por último, de la claridad y la luz, y, en efecto, decimos que son bellas las cosas de colores nítidos.

• —Somos enanos —admitió Guillermo—, pero enanos subidos sobre los hombros de aquellos gigantes y, aunque pequeños, a veces logramos ver más allá de su horizonte.

• A menudo el sabio debe hacer que pasen por mágicos libros que en absoluto lo son, que solo contienen buena ciencia, para protegerlos de las miradas indiscretas.

• A menudo los tesoros de la ciencia deben defenderse, no de los simples, sino de los sabios.

• Muchas veces los sabios de estos nuevos tiempos solo son enanos subidos sobre los hombros de otros enanos.

• La ciencia no consiste solo en saber lo que debe o puede hacerse, sino también en saber lo que podría hacerse aunque quizá no debiera hacerse.

• Cabía la posibilidad de que empujándonos hacia la biblioteca estuviese alejándonos de otro sitio.

• El sueño diurno es como el pecado carnal: cuanto más dura mayor es el deseo que se siente de él, pero la sensación que se tiene no es de felicidad, sino una mezcla de hartazgo y de insatisfacción.

• La biblioteca es un gran laberinto, signo del laberinto que es el mundo. Cuando entras en ella no sabes si saldrás.

• Bacon tenía razón cuando decía que la conquista del saber pasa por el conocimiento de las lenguas.

• —¡Qué hermoso es el mundo y qué feos son los laberintos! —dije aliviado. —¡Qué hermoso sería el mundo si existiese una regla para orientarse en los laberintos! —respondió mi maestro.

• Cuando los verdaderos enemigos son demasiado fuertes, hay que buscarse otros enemigos más débiles.

• Solo los poderosos saben siempre con toda claridad cuáles son sus verdaderos enemigos.

• —¿Cómo habéis sido capaz de resolver —dije admirado— el misterio de la biblioteca observándola desde fuera, si no habíais podido resolverlo cuando estuvisteis dentro? —Así es como conoce Dios el mundo, porque lo ha concebido en su mente, o sea, en cierto sentido, desde fuera, antes de crearlo, mientras que nosotros no logramos conocer su regla, porque vivimos dentro de él y lo hemos encontrado ya hecho.

• La herejía siempre se reconoce porque va acompañada de soberbia.

• Para no acabar haciendo el necio, prefiero no empezar haciendo el listo.

• —Pero entonces—me atreví a comentar—, aún estáis lejos de la solución… —Estoy muy cerca, pero no sé de cuál.

• —¿Nunca cometéis errores? —A menudo —respondió—. Pero en lugar de concebir uno solo, imagino muchos, para no convertirme en el esclavo de ninguno.

• Los libros no se han hecho para que creamos lo que dicen, sino para que los analicemos. Cuando cogemos un libro, no debemos preguntarnos qué dice, sino qué quiere decir.

• En un Liber continents, [Abu Bakr-Muhammad Ibn Zaka-riyya ar-Razi] identifica la melancolía amorosa con la licantropía, en la que el enfermo se comporta como un lobo.

• Son ya tantas las verdades que poseemos que, si algún día alguien llegase diciendo que es capaz de extraer una verdad de nuestros sueños, ese día sí que estarían próximos los tiempos del Anticristo.

• Nadie nos exige que sepamos, Adso. Hay que saber, eso es todo, aun a riesgo de equivocarse.

• El diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda. El diablo es sombrío porque sabe adónde va, y siempre va hacia el sitio del que procede.

• Huye, Adso, de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad, porque suelen provocar también la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia, y a veces en lugar de la propia.

• Quizá la tarea del que ama a los hombres consista en lograr que estos se rían de la verdad, lograr que la verdad ría, porque la única verdad consiste en aprender a liberarnos de la insana pasión por la verdad.

• El orden que imagina nuestra mente es como una red, o una escalera, que se construye para llegar hasta algo. Pero después hay que arrojar la escalera, porque se descubre que, aunque haya servido, carecía de sentido.

• Las únicas verdades que sirven son instrumentos que luego hay que tirar.

Palabras interesantes: burche, macollas, malobatro (planta similar al laurel), dracontópodos (seres con parte superior de humano y parte inferior de serpiente o dragón; del latín dracontopedis o draconcopedis), cinóperos («con morro de perro, que arrojaban llamas por la nariz»), dentotiranos (bestias con tres cuernos; también odontotiranos, del griego antiguo odontotýrannos), policaudados (bestia de muchas colas), hidropos («con los cuernos recortados como sierras»), leucrocotas (o leucrota, mamífero mitológico similar a una hiena), mantícoras, parandrios (de parandrus o tarandus, especie de buey pequeño con cabeza de ciervo que se puede camuflar como un camaleón), hipnales (serpientes legendarias, del latín ypnalis o hypnalis), présteros (serpientes legendarias con la boca abierta por la que sale vapor que al morder hincha el cuerpo de la víctima; de prester), espectáficos (serpientes legendarias de potente veneno, del latín spectaficus), esquítalas (serpientes legendarias, de scitali), anfisbenas, jáculos (serpientes que disparan dardos desde árboles; del latín iaculus), dípsados (serpientes legendarias cuya mordida mata antes de que se sienta el mordisco; de dipsas), Harmagedón, joaquinista (seguidor del joaquinismo), begardos, dulcinista (seguidor de Dulcino o relacionado con el dulcinismo o dulcinianismo), paulicianos (miembros de una agrupación cristiana del siglo VII), bogomilos (miembros de una comunidad herética cristiana del siglo X originaria de Tracia), bisorta (errata por bistorta, una planta), roybra (ruibarbo), olieribus (ortiga), decuplicación (‘multiplicación por 10’, de decuplicar), cuadrágono (‘polígono de cuatro lados’), hipotiposislibro de horas, entimema, figmenta (ficción), arimaspos (habitantes de un pueblo legendario del norte de Europa caracterizados por tener un solo ojo), parénesissentinanovarés (de la ciudad italiana de Novara, como Dulcino), seudoapóstoles (falsos apóstoles), dulcinianos (seguidores de Dulcino o del dulcinismo), patarinos (seguidores de un movimiento religioso reformista del siglo XI en Milán), valdenses (seguidores del movimiento reformista ascético iniciado por Pedro Valdo en Lion en el siglo XII), turíbolo (‘turíbulo, incensario’), moyo, seudohemorróidicos (falsos aquejados de hemorroides), arnaldistas (seguidores del arnaldismo o movimiento reformista de Italia en el siglo XII iniciado por Arnaldo de Brescia), guillermitas (orden religiosa del siglo XII fundada por Guillermo de Maleval y dedicados especialmente a la agricultura), podestás (magistrados de Italia), flagelantes (‘que flagelan’), confaloniero (persona que ocupaba un cargo municipal en Italia), contricción (error por contrición), eléboroditaínatrabuco («—¿Trabucos cuadrados? ¿Y cuánto es eso? —Treinta y seis pies cuadrados por trabuco. O, si prefieres, ochocientos trabucos lineales equivalen a una milla piamontesa»), heminasbrenta (medida para líquidos de Milán, seis rubias), botal (medida equivalente a ocho brentas), rubo («equivale a seis pintas de dos azumbres»), teofánico (‘relacionado con la teofanía o manifestación de Dios’), bestia cenocroca («con cuerpo de asno, cuernos de íbice, pecho y fauces de león, pie de caballo, pero hendido como el del buey, con un tajo en la boca, que llega hasta las orejas, la voz casi humana y un solo hueso, muy sólido, en lugar de dientes»), bestialísima (‘muy bestial), onocentauros («hombres hasta el ombligo y el resto asnos»), esquípodos («que corren a gran velocidad con su única pierna y que cuando quieren protegerse del sol se echan al suelo y enarbolan su gran pie como una sombrilla»), astómatas («que carecen de boca y respiran por la nariz y solo se alimentan de aire»), epístigos («que algunos llaman también blemos, que nacen sin cabeza y tienen la boca en el vientre y los ojos en los hombros»), parusía, melismasaleluyático (relacionado con el aleluya), mársico, sorrentino (‘de Sorrento’), arbustino (tipo de vino), signino (vino blanco y astringente), macrocuerpo (cuerpo grande), bestión (bestia grande), anagógicamente (‘de forma anagógica, con elevación del alma al contemplar a Dios’), ligurio («semejante al ámbar»), donatistacircunceliónecpirosis (‘creencia de que el cosmos se destruye y se restaura cada cierto tiempo’).

Más información

• Cuando se combinan a o de con el título, no se contraen con el artículo inicial: de «El nombre de la rosa»a «El nombre de la rosa».

Curiosidades

• Como cuenta Umberto Eco en la apostilla «El título y el significado», la novela tuvo de título provisional La abadía del crimen. Luego añade: «Mi sueño era titularlo Adso de Melk. Un título muy neutro, porque Adso no pasaba de ser el narrador. Pero nuestros editores aborrecen los nombres propios».

• En el libro se incluyen algunas explicaciones etimológicas: agnus, «del hecho de que este animal agnoscit, reconoce a su madre, reconoce su voz en medio del rebaño, y la madre, por su parte, entre tantos corderos de idéntica forma e idéntico balido, reconoce siempre, y solo, a su hijo, y lo alimenta»; oveja, «cuyo nombre es ovis, ab oblatione, pues desde los tiempos primitivos se la ha utilizado en los sacrificios rituales»; «perros, cuyo nombre, canes, deriva de canor, por el ladrido»; «los becerros, cuyo nombre —vitulus—, tanto en las hembras como en los machos, deriva de la palabra viriditas, o también de la palabra virgo, porque a esa edad aún son frescos, jóvenes y castos»; «sin duda, la palabra nomen procede de nomos, o sea de ley, porque precisamente los hombres dan los nomina ad placitum, o sea a través de una convención libre y colectiva».

• Hay una anécdota de una confusión provocada por calambur: «Pero, como le dije que esos señores buscaban con tanto afán bajo la tierra el «tar-tufo», como llaman allí a la trufa, para luego comérselo, entendió que se trataba de «der Teufel», o sea, del diablo, y se santiguó con gran devoción, mirándome atónito. Aclarada la confusión, ambos nos echamos a reír. Tal es la magia de las lenguas humanas, que a menudo, en virtud de un acuerdo entre los hombres, con sonidos iguales significan cosas diferentes».

Otras fuentesWikipedia.

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