Estrenamos aquí una nueva serie de artículos dedicada a López, el tío de uno de nuestros amigos que siempre anda quejándose de los extranjerismos. Iremos analizando algunos de los que más detesta para tratar de comprobar si la aversión está fundada o si el extranjerismo tiene razón de ser. Empezamos con catering, que, para desdicha de López, no solo aparece por todas partes, sino que, para colmo, es muy típico de eventos (otro de sus grandes enemigos, calco del inglés, del que hablaremos en otra ocasión).
En nuestro diccionario, incluimos cáterin (adaptación también sugerida en el DPD) y lo definimos como ‘empresa dedicada a preparar comida para grupos y eventos [!]’ y ‘comida que una empresa especializada prepara para un grupo o un evento [!]’. Se escriba así o directamente catering, es sin duda un término bien conocido y asentado: seguro que entre los lectores habrá quienes hayan trabajado para un cáterin o quienes hayan disfrutado un determinado cáterin en una boda o similar.
El problema en este caso es que hace referencia a algo tan concreto que es difícil pensar en una alternativa en español. No obstante, en el propio DPD se indica que en Chile se usa banquetería para el servicio y banquetera para la empresa. Preciosas alternativas. De la primera, encontramos en CORPES este ejemplo, entre otros, de El Desconcierto de Chile: «La especialidad es la banquetería con canapés, tapaditos, panqueques en miniatura, sopaipillas, empanadas e incluso tortas de todos los sabores».
Si uno rastrea lo que hacen otros idiomas, se encuentra con que en muchos de ellos (incluso el ruso) se utiliza una forma basada en el inglés catering (formado, por cierto, sobre cater ‘proveer’ y con posible relación con el francés acheter ‘comprar’ y con captar). Sí optan por una forma distinta en francés, donde tienen traiteur.
¿Y cuándo entró catering en nuestra lengua? Buscando en la hemeroteca de la BNE, se ve que, curiosamente, la palabra empezó a asomar en un ámbito donde hoy es menos frecuente: el servicio de comida de los aviones. En efecto, los primeros ejemplos que encontramos son de Iberia, que hoy opta por la expresión «menú a bordo», pero que en los años 60 tenía «servicios de comidas a bordo catering» (Informaciones, 14-9-1961). Si en esos años continuaba César Gómez Lucía en la compañía —quien sugirió en los 40 el uso de azafata para las auxiliares de vuelo después de ver la voz usada en las memorias de un carlista con el sentido antiguo—, podría haber pensado alguna alternativa, pero se ve que no fue así. Una bonita y curiosa podría haber sido servicio de mayordomía, que apareció, en un aviso bilingüe del fin de una huelga de BEA (British European Airways) en el ABC en noviembre de 1961, precisamente como traducción de catering. Y siempre se podría recurrir a restauración (a domicilio).
A finales de los 60 y en los 70, parece que catering adquirió ya su sentido actual a la vista de anuncios como este de ABC del 27 de abril de 1968: «CATERING, orientamos y asesoramos en la organización de convenciones, banquetes y actos sociales». Y a partir de ahí, sobre todo en los 90, el término despegó, como se puede observar en Ngram.
En cualquier caso, parece, que, aunque hay alternativas posibles, lo más sensato que puede hacer López para no consumirse es asumir que catering está más que asentado y, en todo caso, conformarse con la adaptación cáterin. Quizá le consuele saber que al menos no hemos importado banqueting, como sí ha ocurrido en italiano.