[Separadas al pronunciarse]

Por las características del español, es frecuente encontrar palabras que se pronuncian igual, pero se escriben distinto (homófonos no homógrafos, como sabia y savia o haya y halla), pero es muy raro encontrar palabras que, escribiéndose igual, se pronuncian distinto (esto es, homógrafos no homófonos). Aquí presentamos algunos casos de esta última situación.*

pie

Esta secuencia se puede pronunciar [pié], caso en el que hace referencia a la parte del cuerpo (Me duele el pie), pero también [pi.é] y corresponder a una forma de pasado del verbo piar, que, por ejemplo, podría usar un pajarito (Ayer pie mucho). Esto se debe a la regla de no tildar palabras como guion o pie (pasado del verbo piar) pese a que sea común en algunas zonas pronunciarlas como bisílabas (OLE). No entramos aquí en el extranjerismo pie (pronunciado [pái]) que hace referencia a la tarta, pues debería escribirse en cursiva o adaptarse como pay.

te

Está también relacionado con la acentuación gráfica el caso de te, y otros como de, la o mi. Aunque el nombre de la infusión sí lleva tilde diacrítica (el té), no la lleva el nombre de la letra t, también tónico (la te). De ahí que la secuencia te se pueda pronunciar de dos maneras: átona cuando es un pronombre (¿Te gusta el café?) y tónica cuando es el nombre de la letra (¿«Edit» se escribe con te final o hache?). Y lo mismo sucede con de como preposición o letra (Te olvidaste de poner en mayúscula la de); con la como pronombre, artículo o nota musical (La nota la la tocas muy bien), o con mi como posesivo o nota musical (Mi menor problema es que el mi menor suene bajo).

sacramente

Siguiendo con cuestiones de acentuación, tenemos formas como sacramente. Esta puede corresponder al adverbio en -mente que significa ‘sagradamente’ o al presente de subjuntivo de sacramentar (Pidieron que el sacerdote sacramente al enfermo). La primera forma se pronuncia [sácraménte], con dos acentos, y la segunda [sacraménte]. En otros casos en los que el adverbio se forma sobre un adjetivo con tilde, esta permite distinguir gráficamente ambas formas, como en médicamente frente a medicamente (de medicamentar). O en situaciones como la de lúcidamente ‘de forma lúcida’ frente a lucidamente ‘de forma lucida’.

pétalo

Muy relacionado con lo anterior, tenemos el caso de las palabras que coinciden gráficamente con combinaciones de forma verbal y pronombres, como pétalo (de la flor) y pétalo (del verbo petar y el pronombre lo). Mientras que el primero se pronuncia claramente con un solo acento ([pétalo]), el segundo puede en ocasiones tener un acento secundario en la o ([pétalò]) (DPD, § 5.3). Ocurre lo mismo con sépalo (hoja de la flor), ámalo (relacionado con los godos), críalo (ave), óvalo (existe el verbo ovar), págalo (ave)…

superamos

Por razones similares a que subrayar lo pronunciemos [sub.rrayar] y subrepticio [su.brepticio], existen secuencias en las que, dependiendo de si la primera parte se interpreta como prefijo, se pronunciarán de una manera u otra. Así, superamos como forma de superar se pronunciará [supe.ramos], pero, como combinación de super- y amos en referencia a unos amos muy buenos, se pronunciará [super.amos]. En este último caso, se podría recurrir al guion (super-amos) (OLE).

humus

La aceptación de la existencia de la h aspirada en español genera secuencias que uno puede no saber cómo leer, como ocurre con humus para la pasta de garbanzos: ¿es [úmus] o algo similar a [júmus]? Los que se decanten por la segunda opción estarán creando otro caso de homógrafo no homófono con humus (relacionado con el suelo), para el que no hay duda de que se pronuncia [úmus].

salle

Si decidiéramos utilizar la grafía salle para la combinación de sal y le (que ya sabemos que se recomienda evitar en la escritura o, en todo caso, escribir con guion, sal-le), tendríamos otro de estos casos. Si se trata de dicha combinación, la pronunciaríamos [sal.le], mientras que, si es una forma del verbo sallar (poco usado), la pronunciaríamos [sa.ye] (o [sa.lle] los no yeístas).

* Siempre entendiendo que es para una misma persona; no hablamos, pues, de palabras que se pueden pronunciar de una manera o de otra dependiendo de si el hablante es, por ejemplo, seseante o no.

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